Desarrollo territorial y Ordenación del territorio, dos mundos distintos...

...y por qué confundirlos tiene consecuencias para el territorio (y, claro está, para sus habitantes)

Más de una vez, conversando con responsables de una ciudad acerca de su estrategia de futuro, he recibido la respuesta de que la ciudad ya tenía esa faceta cubierta al disponer de un Plan de Ordenación Urbana o de un Plan General Urbanístico. Es para aclarar esta confusión que puede llevar a la ciudad a continuar sin estrategia de futuro que pienso que puede ser útil este breve artículo que pretende clarificar la diferencia entre ambos conceptos.

¿A qué nos referimos al hablar de Ordenación del Territorio?

  1. Es éste un concepto de conocimiento generalizado y la mayoría de ciudades disponen de un POT -Plan de Ordenamiento Territorial-, PGOU -Plan General de Ordenamiento Urbano- o la denominación que reciba en cada país.

  2. Cuando hablamos de Ordenación del Territorio, nos referimos a la planificación de los usos del territorio. Y eso se aplica tanto a una región como a una ciudad. Se trata de ordenar el suelo de forma que se consiga integrar de forma armoniosa el conjunto de usos y actividades a llevar a cabo en ese territorio (espacios naturales, agricultura, ganadería, minería, industria, infraestructura viaria y de riego, vivienda, equipamientos educativos, sanitarios, culturales, comerciales, para gestión de residuos, tratamiento de aguas,.....).

  3. Por lo tanto, el ordenamiento del territorio tiene la responsabilidad de dibujar los usos de cada parte del territorio de acuerdo a las necesidades, presentes y futuras, de la población, la economía y el medio ambiente.

  4. El Ordenamiento del Territorio es una disciplina académica que se estudia en muchas universidades de todos los países y que, además, suele disponer de un corpus legislativo que fija normas para estructurar dicha ordenación del territorio. En. muchos países es incluso obligatorio que los territorios dispongan de un Plan de Ordenamiento Territorial (o Urbanístico) y que se renueve dicho plan con unos plazos fijos (típicamente, 10 años). En consecuencia, existe un cuerpo de profesionales especializados en esta disciplina que conocen cómo llevar a cabo esa planificación.

  5. Cuestión aparte es el punto de partida que debe tomarse para el diseño de un POT. Tradicionalmente, la definición de un Plan de Ordenamiento o de un Plan Urbanístico partía de una estimación del crecimiento poblacional futuro (normalmente, con varios escenarios posibles -estancamiento poblacional, crecimiento moderado y fuerte crecimiento de la población-) y consistía en preparar el territorio (con infrastructuras, vivienda, servicios,...) para ese crecimiento potencial antes de que se produjera.

  6. Sin embargo, hoy día, los territorios no evolucionan únicamente en cuanto al crecimiento de su población sino que el reto actual está, además de en gestionar el crecimiento, también en transformar el territorio de forma que se pueda desplegar en él una organización de la vida de las personas que cumpla con los ODS.

Los ODS son, si se me permite la simplificación, una plantilla que recoge el conjunto de ámbitos y de criterios a aplicar para conseguir territorios adaptados a unos criterios de sostenibilidad ambiental, igualdad de oportunidades y competitividad económica. Pero son de aplicación general a todos los territorios y, por ello, no definen cómo debe desplegarlos cada territorio.


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Eso obliga a ciudades y regiones a definir cuál es su futuro deseado, es decir, su visión de largo plazo o, dicho de otra forma, hacia dónde quieren evolucionar. Pero no se trata de contestar a esas preguntas de una forma genérica -eso ya lo hacen los ODS-, sino de forma específica y singular para cada territorio. En otras palabras, antes de encargar un nuevo POT es imprescindible haber definido cuál es la ciudad que deseamos para dentro de 10 o 15 años. Y no solo en sus dimensiones, sino, sobre todo, en sus características propias y diferenciadoras de las demás ciudades.

Inmediatamente, surge la pregunta de quién debe pensar o definir esa visión de futuro de la ciudad. La respuesta es que ésa es la misión del Desarrollo Territorial.

¿Y cuando hablamos de Desarrollo Territorial?

  1. nos referimos a la gestión del impulso de ese territorio en todas sus facetas: la social, la económica y la ambiental.

  2. En consecuencia, la planificación del desarrollo territorial desborda con mucho a la planificación urbanística pues incluye no solo el ámbito territorial sino también todos los demás ámbitos: el social, el económico y el ambiental. Involucra, por tanto, al conjunto de la sociedad de ese territorio y por eso es que no se trata tanto de un tema técnico como de una cuestión política (no, en la acepción partidista de la palabra, sino en la acepción que tiene que ver con la polis, la ciudadanía). Es decir, que para hacerse efectiva, la planificación del desarrollo requiere de la implicación, en su definición, del conjunto de actores locales.

  3. Hemos dicho que el Ordenamiento del Territorio dibuja los usos de cada parte del territorio de acuerdo a las necesidades de la población, la economía y el medio ambiente. Corresponde al ámbito del Desarrollo Territorial definir cuáles son las prioridades y los objetivos de ese territorio y de su sociedad. a partir de los que el Ordenamiento Territorial podrá llevar a cabo su misión.

  4. El Desarrollo Territorial (o Regional o Local), si bien se estudia también en las universidades, está lejos de ser una disciplina tan estructurada como el Ordenamiento del Territorio puesto que, entre otras cosas, no se ciñe a ningún corpus legislativo que determine cómo impulsar el desarrollo.

  5. Una última consideración tendría que ver con que el OT tiene que ver con el territorio y es una disciplina con fuerte componente ingenieril mientras que el DT tiene más que ver con las voluntades las actitudes y la capacidad de colaboración de los actores del terriorio -personas e instituciones- y, en consecuencia, está mucho más cerca de las ciencias sociales.

Conclusión

El Desarrollo Territorial consiste en las técnicas para impulsar, de forma integral, todos los ámbitos de un territorio.

El Ordenamiento Territorial, o Urbanístico, es uno de los apartados que conforman una estrategia de desarrollo territorial.

Antes de empezar un Plan de Ordenamiento Territorial es imprescindible que el territorio -sus instituciones y actores- haya definido la visión de futuro hacia la que quiere orientar su desarrollo.

Y a construir esa visión de futuro se orientarán tanto un Plan de Ordenación Territorial como otros planes sectoriales que se definan en ese territorio como pueden ser el ambiental, el económico o el social entre otros.