Participación, sus dificultades y cómo superarlas

Estoy asistiendo a las Jornadas URBACT, Transferencias Urbanas, que se celebran en Madrid, organizadas por el punto URBACT España y por el Ayuntamiento de la capital de España.

Y, en una de las sesiones, aparecen preguntas sobre participación cuiudadana y las dificultades que presenta el conseguir que los ciudadanos participen activamente en los procesos a los que se les convoca. En concreto, una pregunta del Ayuntamiento de Altea (Alicante, España) es la que me mueve a escribir este artículo.

Reunión participativa en Rosario, Argentina

La realidad es que la queja de que cuesta mucho "mover a la gente" para participar es general en la inmensa mayoría de municipios y es obvio que aquellos territorios que se encuentren encallados en ese punto, difícilmente habrán podido experimentar los beneficios que puede aportarles la participación.

Los errores que se cometen con la participación

Por la cantidad de situaciones que he vivido, creo que los errores en los que caen los gobiernos territoriales acerca de la participación se pueden reducir a dos. El primero, determinante de todos los fracasos. El segundo, importante también pero sencillo de resolver pues es una cuestión de metodología.

Eso es. El error de partida de los gobiernos está en considerar la participación como un trámite, más bien molesto, que es necesario cumplimentar para avanzar en determinados proyectos. Ya sea porque lo exige la convocatoria a la que se trata de presentarse (¡qué pesado el Gobierno Nacional (o el Regional) con eso de exigir participación!) ya sea porque las normas no escritas del buen gobierno lo requieren (un gobierno que tiene en cuenta a sus ciudadanos debe considerar su opinión).

Mientras esas sean las únicas razones de los gobiernos para desarrollar procesos participativos, esos gobiernos tienen asegurada una baja participación y, en consecuencia, una muy pobre aportación de valor por parte de esa participación.

El segundo error que se suele cometer es el pretender aplicar procesos participativos a decisiones técnicas. Y la participación no puede hacerse sobre temas técnicos. Por ejemplo, no habría tenido sentido, ante la pandemia del COVID-19, definir si había que llevar mascarilla o no, durante la pandemia, mediante un proceso participativo. Son los epidemiólogos quienes están cualificados para definir las normas a seguir en caso de pandemia y es absurdo que se pongan a debatir sobre ello personas carentes de cualificación en ese ámbito. La participación debe centrarse en lo que podemos llamar decisiones "políticas". Por ejemplo, ¿qué debe ser una plaza pública que vamos a urbanizar? ¿un espacio verde con árboles, un espacio para jugar a baloncesto o una plaza dura para eventos populares? Esa es una decisión adecuada para tomarla mediante un proceso participativo. Una vez se tome esta decisión, el diseño del espacio corresponde a los especialistas en la materia (arquitectos/urbanistas) que, obviamente, deberán ceñirse a los requisitos fijados por el proceso participativo.

Para acabar de precisar el punto anterior, es la política y, por lo tanto, la participación ciudadana, en aquellas decisiones en que se la implique, la que decide QUÉ debe hacerse mientras que son los especialistas quienes deben definir CÓMO se ejecutan las decisiones políticas.


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¿Cómo abordar la participación para obtener sus beneficios?

Puesto que los ciudadanos no responden a nuestros procesos participativos, habrá que pensar que esos procesos no les resultan de interés. (Sería equivocado pensar que no participan simplemente para hacernos la pascua).

Para revertir esa falta de interés de los ciudadanos, la solución es simple pero puede no ser sencilla pues depende de la voluntad de las personas que impulsan el proceso participativo. Encontraremos la solución si el Gobierno Local es capaz de modificar su percepción de lo que es la participación. Yo identificaría ese cambio de percepción en dos líneas complementarias:

La primera consideración consiste en un ejercicio de empatía. Eso es, pensar en los ciudadanos y no solo en el propio ayuntamiento. Para eso, vamos a imaginar que estamos en el lugar de nuestros ciudadanos y vamos a pensar 1) porqué no les resulta atractivo participar y 2) qué es lo que les podría mover a participar en los procesos de nuestro ayuntamiento. 

La respuesta a la primera pregunta es bastante obvia. Para que un ciudadano esté interesado en participar deberá percibir que el tiempo dedicado a la participación es un tiempo bien empleado. Eso significa que necesita sentir que sus aportaciones serán escuchadas (no solo oídas) y que, si son valiosas, serán incorporadas de manera que modifiquen el proyecto del que se esté tratando. Es fundamental, pues, que eso sea lo que perciban los ciudadanos a los que llamemos a participar en el proceso participativo. Para conseguir esta percepción en los ciudadanos, es evidente que necesitamos que el Gobierno Local vea la participación como un activo y no, como una rémora.


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La segunda consideración apunta a que el Ayuntamiento, cambie su opinión sobre la participación y pase a verla como un medio de enriquecer la cantidad y la calidad de las ideas que nos van a permitir mejorar, en gran medida, cualquier proyecto municipal. La idea es sencilla: a más cerebros pensando, y a más debate de ideas, mejores ideas vamos a conseguir. Es decir, la participación es un medio para mejorar los proyectos y, en definitiva, la ciudad.

Obviamente, esta percepción debe ser asumida, en primer lugar, por la máxima autoridad local, es decir, la Alcaldía o la Gobernatura del territorio. Sin un liderazgo de la Alcaldía, será difícil que modifiquemos el enfoque y, por lo tanto, los resultados de nuestros procesos participativos.

Conclusiones

La participación debe aplicarse, por regla general, a las decisiones políticas. No, a las técnicas.

La clave para el éxito de los procesos participativos está en no verlos como una traba en la gestión de lo local sino como una herramienta que viene a enriquecer y optimizar cualquier proyecto local al que la apliquemos.

Un valor adicional de gestionar bien la participación será que los proyectos "participativos" van a ser mucho mejor aceptados e, incluso, defendidos, por el conjunto de la población puesto que van a sentir que ese es también su proyecto.