La tecnología que el turismo necesitaba — y que aún no tenía
4ª parte de "El turismo, Indiana Jones y las ruedas"
Estamos cerrando el primer cuarto del siglo XXI. Ha sido en estas pocas décadas cuando la tecnología se ha difundido hasta casi el último ciudadano del mundo a través del teléfono móvil. Cuando yo estudiaba mi MSc en Telecomunicación en la UPC de Barcelona aprendí a programar ordenadores perforando tarjetas de cartón, y tenía que regresar al día siguiente para obtener los resultados impresos en papel. No había memoria portátil, no había comunicación entre alumnos, no había conocimiento accesible para la ciudadanía general. Hoy, cualquier persona tiene en el bolsillo un dispositivo miles de veces más potente que aquellos ordenadores, con acceso instantáneo a todo el conocimiento humano y capacidad de comunicarse con cualquier lugar del mundo sin necesidad de aprendizaje previo.
Esta herramienta ha transformado nuestras vidas de formas tan profundas que cuesta recordar cómo funcionábamos antes. Y también ha transformado el turismo — aunque, si lo analizamos con cuidado, menos de lo que parece.
Lo que la tecnología ha hecho bien... y lo que todavía no ha hecho
Booking, TripAdvisor, Skyscanner: iniciativas que han tenido un éxito extraordinario facilitando la búsqueda de vuelos, alojamiento e información. Pero si miramos con atención lo que han hecho, vemos que en esencia han sustituido a un intermediario que ya existía — la agencia de viajes tradicional — sin crear algo genuinamente nuevo. El turista ya compraba vuelos y reservaba hoteles antes. Solo cambiaron el canal.
La pregunta que queda flotando en el aire es si eso es todo lo que la tecnología puede hacer por el turismo. Y mi respuesta es que no. Ni de lejos.
Para entender el potencial real, hay que cambiar el enfoque. En lugar de mirar solo las necesidades del turista individual, hay que mirar las necesidades del territorio que quiere desarrollar su turismo. Desde esa perspectiva aparecen necesidades muy distintas: visibilizar destinos emergentes que nadie conoce, construir una industria turística local donde hoy no existe, redistribuir el flujo de visitantes para no concentrarlo siempre en los mismos puntos, disponer de datos reales sobre el comportamiento de los turistas para tomar decisiones de política territorial. Ninguna de las plataformas actuales resuelve esas necesidades. Están diseñadas para el turista, no para el ecosistema.
El marketing clásico y un tercer pilar que nadie había visto
El marketing tradicional nos habla de las 4P’s: Producto, Precio, Promoción y Distribución. La tecnología ya ha demostrado que puede jugar un papel determinante en dos de ellas:
En Promoción, es evidente: la tecnología permite llegar al último confín del mundo presentando las excelencias de cualquier destino turístico, por remoto o desconocido que sea.
En Distribución, igualmente: la tecnología permite que una oferta turística esté disponible, se pueda contratar y pagar, desde cualquier lugar del planeta con conexión a internet.
Pero hay un tercer aspecto, que va más allá de las 4P’s, donde la tecnología puede jugar un papel aún más transformador: se trata de la construcción de la industria turística local. La tecnología no solo permite poner la oferta al alcance del turista como hacen las plataformas mencionadas en el apartado anterior — también pone al alcance de cualquier persona o pequeña empresa de una región cualquiera la posibilidad de integrarse como proveedor de servicios turísticos. Un artesano de un pueblo andino, una cocinera de la selva, un guía local que conoce un sitio arqueológico como nadie: todos ellos pueden convertirse en actores visibles del ecosistema turístico local simplemente con un teléfono celular y la plataforma adecuada. Eso es creación de industria turística desde la base, algo que la política pública todavía no ha conseguido hacer a esa escala.
Una cena en Chiclayo que lo cambió todo
A finales de agosto de 2024 fui invitado a presentar una ponencia en un congreso de turismo binacional Perú-Ecuador que tenía lugar en Chiclayo, capital de la Región Lambayeque, en la costa norte del Perú. Al final de una de mis intervenciones se me acercó un joven, en traje de negocios: “Sr. Jordà, me gustaría poder presentarle un proyecto que creo que será de su interés. Si le es posible, me encantaría invitarle a cenar para exponérselo con tranquilidad.” Acepté, y un par de noches más tarde cenamos juntos.
Ese joven era Mateo Segura Orderique, un emprendedor peruano con una formación universitaria poco habitual — ingeniería agropecuaria, ingeniería de sistemas y gestión empresarial, adquiridas entre Tarapoto (San Martín), Chiclayo (Lambayeque) y Friburgo, en Alemania. Lo que me presentó aquella noche era todavía una idea, pero una idea que conectaba exactamente con todo lo que yo llevaba tiempo argumentando sobre el turismo territorial.
Su propuesta era desarrollar una plataforma digital integral para el turismo peruano — no solo para ayudar al turista a encontrar un hotel, sino también para conectar a todos los actores del ecosistema: turistas, proveedores locales, destinos y administraciones públicas en un único sistema inteligente.
La idea me pareció interesante y así se lo dije. Y ahí se quedó la cosa, por el momento.
Cuando la idea se convierte en proyecto
Unos meses más tarde retomamos el contacto. Él desde Perú, yo desde España. A través de contactos chiclayanos comunes volvimos a hablar, y esta vez con más profundidad. Lo que fue tomando forma en esas conversaciones fue algo más que una app. Era una plataforma capaz de resolver simultáneamente los problemas que he descrito en esta serie: la fragmentación de la industria turística local, la invisibilidad de los pequeños proveedores, la ausencia de datos territoriales para la toma de decisiones, y la experiencia desconectada del turista que llega a un destino extraordinario y tiene que ir construyendo su viaje pieza a pieza.
Esa plataforma se llama KEDA. Y en su centro está Vikku, un asistente de inteligencia artificial diseñado específicamente para acompañar al viajero antes y durante su estancia — no como un buscador de hoteles, sino como un experto local que conoce el destino en profundidad y adapta sus recomendaciones al perfil y al momento de cada turista.
No lo cuento para hacer publicidad — los lectores de Ciudadinnova sabéis que no es mi estilo. Lo cuento porque ilustra con exactitud el argumento central de este artículo: la tecnología que el turismo territorial necesitaba no era la que ya existía. Era algo nuevo, construido desde la comprensión profunda de cómo funciona — y en qué falla — el ecosistema turístico de un territorio.
¿Por qué la tecnología no ha ido más allá en el turismo?
Queda una pregunta importante sin responder, y le dedicaré el próximo artículo de esta serie: si la tecnología puede conectar el ecosistema turístico y si el sector privado puede construir esa infraestructura digital, ¿por qué en tantos territorios esa conexión sigue sin producirse? La respuesta tiene que ver con algo que raramente aparece en los debates sobre turismo territorial: la fragmentación silenciosa entre actores. Una industria que existe, pero que no se habla.
¿Conoces algún proyecto tecnológico que esté transformando el turismo en tu región? Me interesa mucho leer experiencias concretas en los comentarios.
Si quieres seguir la evolución de KEDA, puedes encontrarnos en LinkedIn. Y si trabajas en turismo, inversión o desarrollo territorial en Perú, estaré encantado de conectar contigo en alain@alainjorda.com.


